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27. MILAGROS II

Encontré esta cita de Einstein:

"Sólo hay dos maneras de vivir la vida. Una es como si nada fuera un milagro. La otra es como si todo fuera un milagro."


Existe una tercera forma que no solo es la más peligrosa sino la más común: Vivir como si sólo algunas cosas fueran un milagro. Las cosas que yo decido que mi dios personal está dispuesto a hacer por mi pueblo, y nada más que por mi pueblo -y en contra de mis enemigos-. De las tres, esta es la única forma realmente incorrecta.

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26. MILAGROS



Dada la humillante y asombrosa complejidad de la realidad que nos rodea, sólo es concebible la búsqueda de milagros como la preocupación de personas que se aburren fácilmente.

Ahora una historia:

Un hombre recorrió medio mundo para comprobar por sí mismo la extraordinaria fama de que gozaba el maestro.

"¿Qué milagros ha realizado tu Maestro?", le preguntó a un discípulo.

"Bueno, verás..., hay milagros y milagros. -en tu país se considera un milagro el que Dios haga la voluntad de alguien. Entre nosotros se considera un milagro el que alguien haga la voluntad de Dios".

-¿Quién puede hacer que amanezca? Anthony de Mello.


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23. MEMORIA

BASTA con recordar quiénes somos realmente.

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20. MADUREZ (Y RESIGNACIÓN)

Llega un momento de la vida cuando todos caminamos por una cuerda floja con la posibilidad de caer de un lado o del otro.

A un lado se encuentra la resignación y al otro la madurez. La diferencia entre ambas es tan sutil que no pocas veces, ante los demás -¡Horror!- nuestra resignación puede parecer una virtud.

Es lógico: El resignado ya no se queja tanto. Apenas si se siente. El maduro tampoco, pero por razones diferentes:

  • El resignado deja de intentar porque igual para qué, si va a fallar de nuevo. La persona madura deja de intentar porque se da cuenta que no hay nada que intentar: Este instante ya es perfecto. O mejor aún, no intenta, hace.
  • El resignado deja de hacer planes por miedo a que fallen. La persona madura deja de hacer planes, porque acepta el misterio, el abismo. O mejor aún, hace planes pero se ríe cuando estos fracasan, y sigue con su camino.
  • El resignado se deja llevar por las circunstancias porque se siente como "un juguete del destino", la persona madura se deja llevar por las circunstancias porque comprende que sólo es una gota en un océano inabarcable.


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19. MENTE

No, no, no. La cuestión con la mente es mucho más sencilla que eso -Me dijo- Imagina que alguien compra un perro, y lo lleva a su casa. El perro es adorable, la dicha del hogar, pero también es travieso e hiperactivo ¿Qué esperabas? Es tan sólo un cachorro. El dueño tiene tres posibilidades:

  • Dejar que le destroce los muebles (después de todo, es su naturaleza)
  • Amarrarlo todo el día en el patio, con suficiente agua y comida (Como que le quita la gracia a tener un perro...¿Ya no se ve tan contento, no?)
  • Tomarse el tiempo de entrenarlo, para que aún sin correa se mantenga en el patio hasta que lo llamen, para que no pida comida a la hora de la cena. Para que, como todos, respete unas cuantas reglas, unos límites.

Sencillo, ¿no? -Añadió- ¿Cuál prefieres?



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3. MORAL

EN EL POST pasado decía muchas cosas raras sobre la felicidad, que se pueden resumir en una proposición: La felicidad es problemática porque para ser feliz en cierta forma me tienen que importar un culo los demás.

Ahora la pregunta que me hago es si esta es una posición moralmente sostenible. Una pregunta que se traduce en ¿Existen condiciones necesarias en la realidad que impliquen la correlación entre ser bueno (moral) y preocuparse de la felicidad de los demás? Después de todo uno de los pilares morales de nuestro tiempo, el mismísimo Dalai Lama, recomendaba ser "inteligentemente egoista".

Pero lo que me ocupa en esta reflexión no es contestar dicha pregunta, sino la intuición de que siempre que en una discusión se involucre la moral, siempre, va a ser un elemento perturbador y distorsionador. Porque la moral habla de algo que ya está muerto. Porque moral es otra palabra para respuesta prefijada, en un mundo dinámico.

Paciencia que ya voy a llegar al punto. ¿Quiere decir que defiendo la amoralidad o la inmoralidad? No necesariamente. Soy tan moral o inmoral como cualquier persona promedio. El problema es que cuando se discute la moral nunca se introduce en la ecuación el factor tiempo, que no sólo es importante sino que es lo más importante al hablar de moralidad. La moral sólo tiene sentido como un proceso de actualización.

Tomemos como ejemplo uno de las historias canónicas de la moralidad: Los 10 mandamientos que Yahve entregó al pueblo de Israel. Tal vez aquí los expertos de la Biblia me corrijan, pero no creo que haya una parte en el Éxodo en que Dios le diga a Moises: "A propósito estos mandamientos tan particulares van a seguir siendo vigentes inclusive cuando envie mi hijo en la tierra y a raíz de esto se funde una religión aparte del judaismo. De hecho serán vigentes hasta el juicio final, para todas las personas del mundo, en todas las circunstancias". Después de todo era el pueblo elegido ¿no? El silencio de Dios acerca de la fecha de expiración de los mandamientos me lleva a asumir que él suponía que sólo los iban a seguir los israelies del Siglo XIII a.c. Eso y el hecho de que Jesús los revoca explícitamente en los evangelios.

Pero lo importante no es si la Biblia es verdad o ficción, etc. Era sólo un ejemplo. Lo importante es el miedo. El miedo de que nos cambien las reglas a mitad de camino. Y ese miedo es muy humano y por ende respetable. Sin embargo al final de todo, lo que verdaderamente importa es que las condiciones del juego SÍ cambian lo queramos o no, todo el tiempo. Tal ves deberían empezar a enseñarnos eso, a adpatarnos a nuevas reglas de juego en todo momento. Una más para la lista de cosas que realmente debía haber aprendido en la escuela.
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